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sábado, 21 de marzo de 2015

VISIÓN PROSPECTIVA DE LA TECNOLOGÍA ESCENARIOS DESEABLES

Una supercomputadora o un superordenador es aquella con capacidades de cálculo muy superiores a las computadoras corrientes y de escritorio y que son usadas con fines específicos. Hoy día los términos de supercomputadora y superordenador están siendo reemplazados por computadora de alto desempeño y ambiente de cómputo de alto desempeño, ya que las supercomputadoras son un conjunto de poderosos ordenadores unidos entre sí para aumentar su potencia de trabajo y desempeño.
Las supercomputadoras fueron introducidas en la década de 1970 y fueron diseñadas principalmente por Seymour Cray en la compañía Control Data Corporation (CDC), la cual dominó el mercado durante esa época, hasta que Cray dejó CDC para formar su propia empresa, Cray Research.
Hasta ahora el uso y generación de las mismas se ha limitado a organismos militares, gubernamentales, académicos o empresariales.
*Mediante el uso de supercomputadoras, los investigadores modelan el clima pasado y el clima actual y predicen el clima futuro.
*Los astrónomos y los científicos del espacio utilizan las supercomputadoras para estudiar el Sol y el clima espacial.
*Los científicos usan supercomputadoras para simular de qué manera un tsunami podría afectar una determinada costa o ciudad.
*Las supercomputadoras se utilizan para simular explosiones de supernovas en el espacio.
*Las supercomputadoras se utilizan para probar la aerodinámica de los más recientes aviones militares.
*Las supercomputadoras se están utilizando para modelar cómo se doblan las proteínas y cómo ese plegamiento puede afectar a la gente que sufre la enfermedad de Alzheimer, la fibrosis enquistada y muchos tipos de cáncer.
*Las supercomputadoras se utilizan para modelar explosiones nucleares, limitando la necesidad de verdaderas pruebas nucleares.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La inteligencia artificial (IA) es un área multidisciplinaria que, a través de ciencias como las ciencias de la computación, la lógica y la filosofía, estudia la creación y diseño de entidades capaces de resolver cuestiones por sí mismas utilizando como paradigma la inteligencia humana.
General y amplio como eso, reúne a amplios campos, los cuales tienen en común la creación de máquinas capaces de pensar. En ciencias de la computación se denomina inteligencia artificial a la capacidad de razonar de un agente no vivo. John McCarthy acuñó la expresión «inteligencia artificial» en 1956, y la definió así: “Es la ciencia e ingenio de hacer máquinas inteligentes, especialmente programas de cómputo inteligentes”.
En el siglo XVIII empezó a difundirse la idea de crear una computadora capaz de jugar al ajedrez. En el año 1768,  el ingeniero húngaro Wolfgang von Kempelen construyó una máquina que jugaba al ajedrez de manera autónoma. No solo eso, dicho mecanismo era capaz de ganar a los mejores jugadores de su tiempo utilizando imaginativas estrategias y un juego de altísimo nivel.
De esta manera el ingeniero Kempelen y su “máquina” cobraron gran notoriedad y amasaron una importante fortuna engañando a un público ávido de lo que los nuevos avances científicos era capaz de darle. Sin duda alguna el señor Kempelen era un experto vendedor de humo que hubiera encajado bien en cualquier puesto ejecutivo de una multinacional hoy en día. Contando con la credulidad innata de la gente y las ganas de ser engañados que muchas veces tenemos una simple caja con un experto en ajedrez escondido dentro se hizo pasar por un asombroso sistema autónomo capaz de derrotar a los más grandes del imperio por aquellos años.
Después de aquellos sucesos, el tema del ajedrez mecánico no se volvió a mencionar y cayó en el olvido, hasta la aparición de la computadora en la década de los 50. Desde entonces, los aficionados del ajedrez y de la ingeniería informática han construido máquinas y programas que juegan al ajedrez.
Otro ejemplo de inteligencia artificial más actual es el androide que habla, se mueve como humano e incluso canta el cual fue presentado por Toshiba en la Feria internacional de Electrónica de consumo de Las Vegas, EE.UU.
Según informa el portal Mashable, el androide, llamado ChihiraAico, es parte de la llamada "comunidad humana inteligente" de la empresa, un grupo de robots diseñados para contribuir a un modo de vida más inteligente, y tiene como objetivo lograr una comunicación sorprendentemente real mediante unas expresiones faciales similares a las humanas, y a la capacidad de hablar e incluso de cantar.
Un grupo de científicos y expertos del mundo de la tecnología crearon en conjunto una misiva para que personas comunes y corrientes tengamos una mayor atención ante la maravilla que parece la inteligencia artificial
Dicho grupo, entre los que se encuentra nada menos que Stephen Hawking, Elon Musk y Verno Vinge, entre varios otros destacados expertos en ciencia y tecnología, presentó la misiva bajo el nombre Research Priorities for Robust and Beneficial Artificial Intelligence: an Open Letter (Carta Abierta: Prioridades de Investigación para una Inteligencia Artificial fuerte y beneficiosas).
El escrito toma en cuenta décadas de investigación sobre inteligencia artificial, y entre las principales advertencias se habla de la posibilidad de que en un ambiente no controlado en forma adecuada, los sistemas de inteligencia artificial podrían tener comportamientos no deseados e incluso dañinos.
La comunidad muestra así la preocupación ante una posible independencia de inteligencia artificial, capaz de pueda tomar vida propia y superar la que ha figurado el hombre. De este modo, quienes hoy estamos a cargo de estos dispositivos perderíamos el control sobre las máquinas y estas podrían actuar en contra de sus creadores. Según la carta abierta, las investigaciones deberían enfocarse en lograr que quienes trabajan con ella tomen medidas de seguridad ante una rebelión robótica en caso de problemas.
La diferencia entre la inteligencia y las capacidades de robots y computadoras con respecto a la mente humana es cada vez menor, incluso llegando a superarnos en algunos aspectos, lo que puede resultar preocupante.
Las máquinas y sistemas de inteligencia artificial carecen de dos cosas muy importantes: sentimientos y ética, por lo que no son capaces discernir correctamente entre el bien y el mal, ya que su comportamiento depende de programación y no de la racionalidad, por lo que, en caso de cualquier falla, podrían dañar al resto.

LAS REDES NEURONALES

Son el principal elemento del Sistema Nervioso. Las redes neuronales biológicas están compuestas por un gran número de elementos llamados neuronas. Una neurona es una célula compuesta por cuerpo, un número de extensiones llamadas dendritas, que sirven de entradas, y una larga extensión llamada axón que actúa como salida. La sinapsis conecta el axón de una neurona a las dendritas de las otras neuronas. Las neuronas están dispuestas en capas. En general las neuronas de una capa reciben entradas desde otra capa y envían sus salidas a neuronas de una tercera. Dependiendo de la aplicación también es posible que las neuronas de una capa reciban entradas y provean salidas a neuronas de la misma capa.
Las conexiones entre neuronas tienen pesos asociados que representan la influencia de una sobre la otra. Si dos neuronas no están conectadas, el correspondiente peso de enlace es cero. Esencialmente, cada una envía su información de estado multiplicado por el correspondiente peso a todas las neuronas conectadas con ella. Luego cada una, a su vez, suma los valores recibidos desde sus dendritas para actualizar sus estados respectivos.
Las redes neuronales no son más que un modelo artificial y simplificado del cerebro humano, que es el ejemplo más perfecto del que disponemos para un sistema que es capaz de adquirir conocimiento a través de la experiencia. Una red neuronal es "un nuevo sistema para el tratamiento de la información, cuya unidad básica de procesamiento está inspirada en la célula fundamental del sistema nervioso humano: la neurona".
Cuando en los años cuarenta se pusieron a funcionar las primeras computadoras (esos roperos de metal, llenos de bulbos) se les llamó “cerebros electrónicos”, ya que podían hacer sumas.
Esto hizo imaginar a muchos:

 “Mañana las máquinas conversarán con nosotros”.

Y entonces el cine, los dibujos animados y la televisión se poblaron de robots “inteligentísimos” —aunque de movimientos algo torpes— que acompañaban a los humanos en toda clase de mundos.
La industria de las computadoras no dejó de evolucionar y, de pronto, aquellos enormes aparatos con grandes cintas de carrete se volvieron pequeños y mucho más fáciles de operar. Un día ya tenían un monitor y un teclado para comunicarnos con sus circuitos. Al día siguiente aparecieron en nuestras casas las computadoras personales y hoy están por todos lados, volviéndose indispensables. Los niños de hoy viven en un mundo que, por lo menos en parte, la ciencia ficción imaginó hace 50 años.
Pronto los robots comenzarán a desplazar al personal que nos atiende detrás de las ventanillas. Una máquina podrá perfectamente cambiarnos un cheque y resolver de manera satisfactoria las dudas sobre nuestro estado de cuenta. El cajero automático del cine recibirá nuestro dinero (o una tarjeta) para darnos a cambio entradas para la película en el horario que le indiquemos. Y así será en los aeropuertos, las estaciones de ferrocarril y en todas partes donde ahora hay ventanillas ocultando a empleados que aguardan impacientes la hora de salida.
Es muy probable que la economía cambie. Quedarán en el pasado los tipos de traje peleándose a gritos en las casas de bolsa. Las computadoras, conectadas en red a los indicadores bursátiles de todo el mundo, moverán los capitales de un lugar a otro, sin que sea necesaria la voluntad humana, obedeciendo tan sólo a agresivos programas que beneficiarán a los dueños del dinero, sin importar si una nación se hunde en una pavorosa crisis en algunos instantes.
Es muy probable que la economía cambie. Quedarán en el pasado los tipos de traje peleándose a gritos en las casas de bolsa. Las computadoras, conectadas en red a los indicadores bursátiles de todo el mundo, moverán los capitales de un lugar a otro, sin que sea necesaria la voluntad humana, obedeciendo tan sólo a agresivos programas que beneficiarán a los dueños del dinero, sin importar si una nación se hunde en una pavorosa crisis en algunos instantes.
Los edificios “inteligentes” serán comunes. Al llegar a casa la puerta se abrirá con el sonido de nuestra voz. Sensores dispuestos en cada rincón encenderán la luz de la habitación a la que entremos y dejarán a oscuras la que ha quedado sola, ahorrando electricidad. La temperatura también será regulada por la computadora central para ofrecernos un clima privado a nuestro gusto. Verbalmente activaremos la televisión, el aparato de sonido o cualquier otro electrodoméstico conectado a nuestra ama de llaves cibernética. Por las mañanas, el desayuno que dejamos en el microondas comenzará a prepararse; en la radio la estación de nuestra preferencia nos despertará mientras el calentador se ajusta para que nos demos una ducha deliciosa. Al salir podremos estar tranquilos porque la casa estará capacitada para detectar a posibles intrusos y, en caso dado, la alarma se activará a la más mínima insinuación de peligro, dando aviso a los cuerpos de seguridad.
Si llega a haber una guerra global, ésta podría ser nombrada por los medios como “The Robot War”, en la que los pilotos controlarían por realidad virtual pequeños y mortíferos aviones, helicópteros y tanques a cientos de kilómetros del campo de batalla sin arriesgar un solo cabello.
Es muy probable que en pocos años, robots cirujanos realicen complejas intervenciones utilizando el instrumental quirúrgico con la precisión de una impresora.
Algún día, el Sojourner, el robot que exploró Marte, será una caja de zapatos comparada con los que llegarán a ese planeta, no para posar un espectrómetro sobre las piedras, sino para construir los centros urbanos de los primeros colonizadores. La última frontera serán los robots biológicos autorreplicantes que poblarán en nuestro nombre otros sistemas solares hasta hacerlos habitables para nuestra especie.

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